Ya nadie tiene palabra

¿Qué está ocurriendo?

¿Desde cuándo se ha convertido nuestra palabra en polvo?

Parece ser que hemos perdido la firmeza que tenían nuestros abuelos, sus padres, bisabuelos y así remontándose en la historia.

Hace tiempo que vengo pensando en ciertas cosas que están mellando la propia concepción que tenía yo de mi misma. ¿Tengo palabra?, ¿Soy firme?, ¿Cumplo con mis decisiones?, ¿Me comprometo a cosas que no puedo cumplir?

Pero, sinceramente, no solo veo está falta de responsabilidad en mi, se está reproduciendo y propagando a mi alrededor como un virus. Ya nadie tiene palabra. Conceptos como el orgullo, o la dignidad a la hora de cumplir con nuestras proposiciones… se están desvaneciendo.

Hace tiempo que hemos aprendido a entender la falta de compromiso hacia las obligaciones entre personas como algo frecuente. Parece ser que estamos empezando a asumir esta escasez como algo normal y corriente. Ya apenas nos decepciona encontrarnos con que las cosas no son como nos dijeron que serían.

Y yo os pregunto…De todas las veces que habéis pedido algo, ¿Cuántas personas han cumplido con su palabra?

Empecé a percibir esta sensación en la universidad. Pensé que se debía a una actitud poco profesional típica de las personas jóvenes, que recién han salido de su adolescencia y se aventuran en la experiencia de estudiar una carrera, con sus momentos felices y noches de trabajo. En cierto modo, lo justificaba…

Pero hace tiempo que para mi terminó esa etapa. Empecé un Máster, lo terminé. Hace unos meses que empecé con otro. Hice varias prácticas en empresas, trabajo en un negocio familiar, realizo proyectos como freelance, etc. Me he relacionado con personas de muchas edades diferentes; estudiantes, autónomos, asalariados, empresarios…Y encuentro la misma sombra en todas partes, de mi persona hacia los demás, de los demás hacia mi. Suman tantas decepciones que, demasiado amontonadas, empiezan a resbalar peligrosamente.

Nos contagiamos entre todos nuestra falta de responsabilidad y compromiso. Cuando alguien no cumple con su palabra, nos molesta. Escupimos una sarta de quejas, creyéndonos mejores que aquellos que no cumplieron…y olvidamos que nosotros estamos cometiendo el mismo error una y otra vez.

Trabajos que no se entregaron a tiempo. Excusas.
Ayuda que un amigo ofreció pero que nunca cumplió. Excusas.
Presupuestos que no llegaron cuando te dijeron que llegarían. Excusas.
Proyectos contratados que se retrasaron en fecha de entrega. Excusas.
Personas que dijeron que vendrían pero nunca llegaron. Excusas.

Pero aún peor es cuando nos excusamos ante nosotros mismos.

Esa rutina de ejercicios que nunca empezamos por falta de tiempo…
Esa compra saludable que no realizamos por falta de planificación…
Ese proyecto personal que no continuamos por falta de motivación…
Ese amigo al que no visitamos porque siempre estaba ocupado…

Atribuimos todo esto a una falta de algo. ¿No me concentro porque necesito espacio?, ¿No logro producir en un ambiente de trabajo como éste?, ¿Necesito apuntarme a un curso de productividad?, ¿Organizar mis cosas para tenerlas más a mano a la hora de trabajar?, ¿Comer más sano para motivarme a hacer ejercicio?, ¿Hacer ejercicio para motivarme a comer más sano? , ¿Cumplir un horario estricto para disciplinarme?, ¿Disfrutar para relajarme? y así un largo etc. Siempre el mismo proceso; primero generamos la excusa y luego posponemos aquello que deseamos cumplir.

Pero hoy me he lucido.

Hoy voy a soltar la excusa más grande de todas. Tan bien elaborada y perfecta que, en realidad, me la he creído hasta yo misma:

La falta de compromiso que tienen algunas personas con nosotros, nos impulsa a faltar a nuestra palabra para con los demás. Y así nos vamos contagiando la putrefacción, como un par de manzanas que acaban jodiendo al árbol entero.

Estoy hasta arriba de vuestras excusas. De vuestra falta de palabra y de compromiso. De vuestra nula capacidad de sacrificio y de vuestro egoísmo. Estoy cansada que nos chupéis la motivación como sanguijuelas y que nos influyáis con vuestra falta de palabra.

No pienso dejar que vuestra mierda se nos pegue.

Dedicado a todas aquellas personas tóxicas que nunca cumplen su palabra. Yo no voy a ser como ellas, por respeto a los demás y, sobretodo, por respeto a mi misma.

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  • Puede ser que debamos mirar hacia adelante siguiendo nuestra meta y objetivo sin mirar demasiado a los lados, para no caer. Como en una carrera un atleta da lo mejor de sí y corriendo se proclama ganador sin darse cuenta. ?Animo campeona! Sé que tu SIEMPRE puedes!