Pan de Zanahoria super esponjoso

¡Hola a todos! ¿Habéis probado nunca el pan de zanahoria? Es dulce, delicioso y super esponjoso.

Sé lo que estáis pensando algunos y no, no me refiero a la típica “carrot cake”. Esta receta va de pan, no de tarta.

Si no lo habéis probado nunca, es una pasada de pan. Es dulce pero sin llegar a parecer un bollo ni un pan parecido al pan de molde. Se parece a una hogaza rústica pero con la miga tierna y delicada.

¿Os atrevéis?

Ingredientes

  • 760 gr de harina de fuerza
  • 215 gr de agua
  • 150 gr de masa madre
  • 40 gr de aceite de oliva
  • 380 gr de zanahoria
  • 40 gr de miel
  • 15 gr de sal
  • 4 gr de levadura fresca

Veréis que es una receta fácil, como cualquier otra de pan de hidratación media. Tan solo es necesario preparar la zanahoria con media hora de antelación para que enfríe por completo antes de utilizarla. Sino, se calentará la masa en exceso. Para esta hogaza la temperatura ideal es entre 21 y 27 grados, pero si no tenéis termómetro, tampoco os tiréis de los pelos que no pasa nada. 😉

Yo he probado esta misma receta añadiéndole curry, y también queda deliciosa, pero os recomiendo probarla así primero para que podáis disfrutar de este pan únicamente con el sabor que le aporta la zanahoria. Si sóis como yo, y tenéis el síndrome AEC (añadidor de especias compulsivo), ya tendréis tiempo de inventos más excéntricos.

En primer lugar, pelamos, cortamos y hervimos las zanahorias hasta que estén muy tiernas. Dejamos enfriar y las machacamos hasta hacerlas puré con un tenedor o con un robot de cocina o batidora si tenéis.

En un bol grande, añadimos el agua, la masa madre y la miel y removemos. Acto seguido añadimos la harina y removemos. En este punto podemos darle una autolisis de 20 minutos pero es opcional. Añadimos la zanahoria, el aceite de oliva, la sal, y, por último, la levadura fresca. Yo no suelo añadir la levadura al principio porque me parece absurdo. Si quiero acelerar el proceso, aumento la dosis o añado el agua tibia. Pero como ya sabéis, la prisa no es la mejor aliada para lograr un pan sabroso.

Una vez integrados los ingredientes, volcamos la masa y empezamos a amasar. Al llevar unos minutos, puede que la masa se os “agüe” pero no os preocupéis, es normal y si continuamos amasando, la masa irá ganando estructura.

En función de lo que os apetezca, podéis amasar de una vez o para para dar reposo a la masa y así no tener que amasar tanto. En tal caso, amasáis durante 20-40 segundos y dejáis reposar la masa tapada en un bol durante 10-15 minutos. Repetís el proceso hasta que la masa parezca estar lista (lisa y brillante y recuerda a un culito) o bien hacéis la prueba de la membrana.

Cuando la masa esté lista, untamos un bol con aceite y la dejamos reposar. Cuando haya aumentado su volumen un poco (en mi caso me parece que ha sido una hora) enharinamos la mesa para dividir la masa y formamos dos bolas. Si vuestra masa está muy tensa, la podéis dejar reposar 10-20 minutos antes de formar y sino, la podéis formar directamente.

Enharinamos un baneton o un cuenco con un paño y esperamos a que esté lista. Para ello, podéis hacerle una foto con el móvil para ir comprobando el “antes” y el “después” hasta que os parezca que ha doblado o casi doblado su volumen. También lo podéis comprobar, realizando un pequeño corte para ver si la miga “está hecha” o hundir un dedo para ver con qué velocidad recupera (sino recupera, está sobrefermentado, si recupera al instante, aún le queda).

Aún así, ninguna de estas pruebas es completamente fiable (en especial la del dedo, la que menos me gusta) así que tendréis que valeros de un mix para intuir cuándo el pan está en su punto para entrar al horno.

Cuando veamos que están casi listos, calentamos el horno a 230º con calor solo de abajo y de mientras, metemos una de las piezas a la nevera.

Hornearemos este pan a 230º C durante 10-15 minutos con calor desde abajo y luego bajaremos la temperatura a 210º C durante 30 minutos más.

¿Cómo le proporcionamos vapor durante la cocción?

Si vuestro horno no tiene inyección de vapor y no tenéis piedras volcánicas, tan solo debéis meter una bandeja en la suela del horno mientras esté se esté precalentando. Así, a la hora de meter el pan, echaremos rápidamente un vaso de agua en la bandeja inferior y cerraremos la puerta para que el vapor generado no se escape.

Cuando falten 5 minutos para finalizar la cocción, podemos abrir un poco la puerta para dejar escapar el exceso de vapor.

¡Y ya está! ¿Qué os ha parecido este pan?, ¿Lo habíais probado antes? Espero que os guste el resultado y os animo de verdad a probarlo. ¡Chao!

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